Nos levantamos como siempre a las seis, nos vestimos y fuimos al comedor para tomar el desayuno. Todavía era de noche.
La rutina en Campo de Mayo, mejor dicho en la prisión, era desoladora.
nos llamábamos por los apellidos.
Parecçia que era un día más, pero pronto supimos que no. No señor, no iva a ser un día corriente.
De pronto, apareció corriendo y nervioso y ordenó:
--¡Apaguen las luces! ¡Cuerpo a tierra!
Obedecimos al sargento que se volvió corriendo hacia la entrada....Había algo que no debíamos ver. Yo, estaba cerca de la ventana, lo cual la tentación de encaramarme y espiar era grande.
Amanecía.
Vi dos coches Falcon negros parados en la puerta. Recién habían llegado. Era una visita inesperada.
El gendarme estaba tarado, como siempre.
Abrieron las puertas de los Falcon y empezaron a sacar gente encapuchada. Tres hombres y una mujer.
A media mañana, encuentro la puerta del calabozo abierta. El sargento se había descuidado.
Estaban sentados en el suelo, fuera del calabozo, encapuchados y maniatados. Seguramente, el sargento había ido a buscar la comida para ellos.
Tuve la tentación de entrar, amagué inclusive, pero algo me detuvo. Sabía que estaba prohibido hablarles. Era para despitarlos. Se suponía que ellos no debían enterarse en donde estaban.
La versión, la versión oficial era que eran subversivos y punto.
Pero la prisión no estaba preparada para actividades tan secretas.... Claro, no debíamos ver las actividades delictivas del gobierno y no debíamos enterarnos de nada, nada de nada. Eran nuestros papis y ellos tenían la razón (?).
¿Quiénes eran?
Pues si, gente de la ciudad, como tú y yo, especialmente estudiantes universitarios....
Al otro día, sentimos rumores de que de madrugada el suboficial Benitez entró borracho a la prisión y le le dio una paliza a la mujer. Curiosamente, el coronel Solá estaba allí y tuvo que intervenir para que no le hiciera daño a la chica.
Era aproximadamente el año 1977.
No tardaron mucho tiempo, quiero decir, no los tuvieron mucho tiempo en Campo de Mayo. Esos, seguramente fueron a parar a algún campo de concentración que tenían desperdigado por el territorio argentino.
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