miércoles, 20 de enero de 2010

Las vecinitas

Tenía dos vecinitas con las que debute, hubo una sesión de besos en la boca, no daba para más. Fue una libertad en secreto. Recuerdo que nos fuimos al terrado de la casa de Don Carmelo, los conejos comían y comían hasta la madera de los cajones en que estaban encerrados.
Aún con nuestra timidez, más ellas que yo, tomaba la parte activa y ellas cerraban los ojos, porque seguramente era la primera vez que lo hacían. Besos en los labios, suaves roces, yo parecía un diestro en el tema, no se me ocuria follar, por que que digo, eso era de adultos y yo que sepa no tenía eso en la cabeza aún, pero si el beso, besar mucho hasta inflamarse de sensualidad.
Las vecinitas se llamaban Lucía y Gladys, una era sonrosada y la otra aceitunada. Pero a la hora de besar se comportaron igual, una por turno, sentados en el suelo del terrado, para deborarlas por al boca, hambriento, las tenía commigo, dócieles.
Yo había descubierto que los adultos guardaban secretos, cuando vi ese libro, que creo que se llamaba la confesión de Teófilo, vi que tenían relaciones sexuales con su hermana, algo deprabado, pero aún no tenía idea ni conceptos sobre el asunto. A esa edad de los 12 años descubrí que los reyes magos, eran mis padres y culpe a Ricardito que era judío de la muerte de Jesucristo. Pero después me arrepentí.

1 comentario:

  1. Qué grande Héctor. Me alegro de leer tus relatos (esta vez en prosa) y ver que estás vital. La última vez los leía en verso (creo que fueron los opendoor). A ver si nos vemos. Tengo unas fotos que darte. Sí, ya se que si no nos vemos es por mi culpa. Tienes razón.

    Un abrazo.

    Julián. El fotógrafo

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